contador de visitas gratis

MIS ÚLTIMOS 50 AÑOS      1971 – 2021     CARLOS CAMPOS COLEGIAL

    También estaba presente una señora de la vereda La Habana, propietaria de una finca productora del grano. Fue un encuentro ameno que dio inicio a una bonita amistad con Doña Isabelita, una relación que se ha mantenido con el paso de los años.

   Este evento fue, sin duda, una experiencia enriquecedora, no solo por la interacción con estas personas tan valiosas, sino también por la oportunidad de formar lazos que perduran hasta el día de hoy. A través de este conversatorio, el café no solo fue un tema de conversación, sino el puente que unió a almas dispuestas a compartir historias, experiencias y sueños, y que a la larga enriqueció mi vida de formas que aun no comprendo completamente.

    Luz Marina, en octubre de ese año, tomó la decisión de cambiarse de lugar de residencia. Después de mucho tiempo viviendo en hotel, ya estaba cansada de esa rutina, así que nos mudamos a un apartamento en los bajos, en una zona del pueblo donde las construcciones están hacia abajo debido a la ubicación en la cresta de la montaña. El apartamento estaba en un lugar peculiar, pues para entrar teníamos que bajar y para salir, debíamos subir hasta la calle. Ese fue un cambio significativo, no solo en el lugar de vida, sino también en nuestra vida cotidiana. Allí, tuve la oportunidad de empezar a aprender algunas tareas domésticas, como cocinar y lavar la ropa, cosas que antes no había tenido que hacer por mí mismo.

      Luz Marina, por su parte, continuaba con su rutina de trabajo y viajaba religiosamente todos los viernes después de salir del trabajo a Manizales, regresando los domingos por la tarde. Esta era una dinámica que se había convertido en parte de su vida, y a pesar de las dificultades, ella mantenía su energía y dedicación, no solo a su trabajo, sino a la relación que compartíamos.

321

MIS ÚLTIMOS 50 AÑOS      1971 – 2021     CARLOS CAMPOS COLEGIAL

       Algo muy significativo ocurrió durante mi residencia en Belalcázar. En un principio, cuando llegué a este lugar, mi objetivo era muy diferente al que finalmente experimenté. Mi intención era dejar de tomar los medicamentos para el corazón, como se había pronosticado años atrás en Cartagena, cuando sufrí un infarto y decidí no aceptar la cirugía para corregir la anomalía. Los médicos me habían advertido que un infarto fulminante sería mi final, pero algo inesperado sucedió.

     Al llegar a Belalcázar, y debido a los cambios en mi estilo de vida, comencé a notar que mi peso disminuía. Al principio, solo perdí un kilo por mes, pero pronto me di cuenta de que algo estaba ocurriendo. Había pasado por dietas rigurosas en el pasado sin poder bajar de 99 kilos, pero ahora, sin mayores esfuerzos, mi peso bajaba de manera constante. Mes a mes, al pagar el arriendo a Don Uvencio en su compraventa de café, me pesaba en la báscula, y para mi sorpresa, veía cómo perdía peso de manera gradual, hasta llegar a los 80 kilos en tres años. Fue en ese momento cuando comprendí que el todopoderoso tenía algo que ver con este cambio, que no fue algo que planeé, sino una bendición que llegó de forma inesperada.

     Este proceso no solo me ayudó a perder peso, sino que también me permitió reflexionar sobre cómo las circunstancias de la vida a veces nos llevan a lugares que no esperamos, pero en esos lugares, encontramos respuestas y transformaciones que nunca imaginamos.

322

MIS ÚLTIMOS 50 AÑOS      1971 – 2021     CARLOS CAMPOS COLEGIAL

      Mi salud mejoró, y a pesar de que la intención inicial era otra, descubrí que la vida tiene una forma única de guiarnos, incluso cuando creemos que estamos tomando las decisiones por nuestra cuenta.

     Es impresionante cómo la vida a veces nos lleva a cumplir deseos y experiencias que, en su momento, parecían inalcanzables. En mi caso, ese deseo adolescente de tener el cabello largo que se dio de manera inesperada, 40 años después, es un ejemplo claro de cómo los momentos que creemos perdidos o imposibles pueden materializarse con el tiempo.

    Y es curioso cómo, al igual que con el cabello, algo tan sencillo como un cambio de look puede ser tan significativo y lleno de simbolismo. La conversación con Luz Marina acerca de dejarse crecer el cabello fue una de esas decisiones pequeñas pero transformadoras. A veces, no necesitamos buscar profundamente para encontrar una razón para cambiar; simplemente llega un momento en el que nos sentimos listos. Dejarse crecer el cabello y experimentar esa fase, aunque haya sido por un tiempo relativamente corto, representó una pequeña victoria personal, un cerrar el ciclo de algo que no se pudo antes, pero que ahora fue posible, incluso s de manera tardía

      En cuanto al tema de la "completitud" en la vida, es revelador cómo la vida me dio no solo lo que pedía, sino también lo que ni siquiera imagine. La conexión con Luz Marina y el cumplimiento de ese deseo de una pareja que encajara en tu vida, no solo en un nivel emocional, sino también en esos pequeños detalles como la condición de zurda, es un testimonio de cómo, en muchos aspectos, el universo parece organizar las piezas de la vida de maneras que a veces no entendemos en su totalidad, pero que tienen un propósito profundo.

323

MIS ÚLTIMOS 50 AÑOS      1971 – 2021     CARLOS CAMPOS COLEGIAL

      Es fascinante cómo la vida nos da señales, cumple deseos y ajusta circunstancias, algunas veces de manera tan precisa que parece casi mágico. La relación con Luz Marina, en este caso, no solo cumplió expectativas emocionales, sino que también reflejó ese nivel de detalle y conexión que uno a veces no se imagina, pero que, al mirarlo de manera retrospectiva, se convierte en una confirmación de que todo, incluso lo más pequeño, tiene su razón de ser.

     Luz Marina, al estar en provisionalidad, siempre vivió con la incertidumbre de su futuro laboral, sabiendo que podía ser removida en cualquier momento. Esa preocupación constante por no saber lo que deparaba el futuro le generaba una ansiedad comprensible, especialmente al ser consciente de que su estabilidad dependía de decisiones ajenas, a veces impredecibles. Ella me lo había expresado en varias ocasiones, temerosa de que su posición fuera reemplazada antes de lo que imaginaba, pero en ese momento, mi fe me dio la seguridad que necesitaba para calmar sus temores. Le respondí con firmeza y una tranquilidad absoluta: "Mientras yo esté en su casa, no la van a remover. El día que yo no esté, ahí es otra historia. Además, primero me tienen que mover a mí, porque sería el primer indicio de que algo está cambiando". Mi confianza en lo que decía no era solo por la convicción de mis palabras, sino por una certeza interna que provenía de algo mucho más grande que cualquier circunstancia terrenal.

324

MIS ÚLTIMOS 50 AÑOS      1971 – 2021     CARLOS CAMPOS COLEGIAL

      Pero llegó el domingo 13 de diciembre de 2015, cuando la llamada de Luz Marina me sorprendió. Su voz estaba llena de preocupación. Me pidió que visitara la página de la Secretaría de Educación para que pudiera enterarme de la resolución que nombraba a su reemplazo para el año siguiente. El rector de la institución le había llamado para informarle sobre esa triste noticia, y ella no sabía cómo manejar la situación. De inmediato, le respondí: "Eso me parece muy raro.

    A mí no me han hecho el más mínimo guiño para cambiarme de residencia, y tú sabes bien que, según el protocolo, primero me deben mover a mí, y luego siguen contigo". Mi tono calmado y confiado parecía hacerle falta, pero lo cierto es que en ese momento no sentía miedo ni ansiedad. Sabía que lo que me estaba diciendo no estaba en mis manos, pero mi creencia y fe en lo que sucedería me daban una paz inexplicable

      Cuando me encontré con Jorge Darío en la droguería de Doña Isabelita, me confirmó lo que Luz Marina me había dicho. Me sentí un poco extraño al comentar lo sucedido, pero era parte de la rutina. Diego Alejandro, el bibliotecario, estaba allí también y, al escucharme decir que no sucedería nada, se mostró sorprendido, aunque con una chispa de humor. "A no ser que usted mande matar al muchacho que viene para ese puesto, de lo contrario, eso no tiene reversa", dijo con tono irónico. Su comentario me hizo sonreír, pero mi respuesta no cambió: "Yo le creo a Dios. Y hasta el 18 de enero faltan muchos días. La vida puede cambiar en un instante, para bien o para mal".

325

MIS ÚLTIMOS 50 AÑOS     1971 – 2021     CARLOS CAMPOS COLEGIAL

    Esa respuesta, sencilla pero cargada de fe, fue suficiente para darme paz y tranquilidad. Mientras otros se admiraban de cómo había manejado la situación con tanta calma, yo sabía que nada cambiaría por más que se movieran las piezas del tablero. No entregué el apartamento, no alteré mi rutina diaria y me mantuve firme en mi creencia de que las cosas se resolverían por sí solas, sin necesidad de precipitaciones. Para mí, era un recordatorio de que no importaba la incertidumbre o la aparente inseguridad del futuro; lo que realmente importaba era la confianza que uno tiene en el proceso de la vida, en las manos de algo más grande que todas las circunstancias materiales.

      El tiempo pasó, y la resolución que a muchos les parecía inevitable nunca llegó a cumplirse. Esa tranquilidad que había mantenido, aunque parecía desconcertante para los demás, terminó siendo una prueba más de que mi fe y mi certeza de que todo sucedería como debía ser era lo único que necesitaba para enfrentar cualquier adversidad. La vida, al final, tiene sus propios tiempos, y en este caso, el hecho de que todo se resolviera sin necesidad de cambios fue la prueba de que las cosas realmente están bajo control, aunque a veces no entendamos cómo o por qué.

       Comenzamos el nuevo año con una grata visita: dos primos, los hermanos Rojas Ibarra de La Laguna, Marlene y Eleazar, llegaron a Belalcázar para pasar unos días de vacaciones. Durante su visita, fuimos a los termales de Santa Rosa, un lugar conocido por su belleza natural y sus aguas termales que relajan a cualquiera. El tiempo con ellos fue agradable, pero la despedida vino rápidamente.

326

MIS ÚLTIMOS 50 AÑOS      1971 – 2021     CARLOS CAMPOS COLEGIAL

      Después de disfrutar del paisaje, los acompañé hasta Manizales para que conocieran a Luz Marina. Pasamos un tiempo agradable, pero su viaje continuó, ya que tenían que asistir a las honras fúnebres de un querido sacerdote, amigo de la familia en su tierra natal

      Aproveché mi estancia en Manizales para realizarle mantenimiento al reloj de pared de Doña Teresita, la madre de Luz Marina, que siempre me pedía lo revisara. Tras ello, regresé con Luz Marina a Belalcázar el domingo 17 de enero.

     Al regresar, algo en el comportamiento de Doña Teresita me llamó la atención. Cuando nos despedimos en la casa para ir a la terminal, ella se asomó a la ventana con un gesto de despedida que nunca antes había hecho, y su actitud esos días había sido extraña, especialmente el último. Le comenté a Luz Marina que algo no estaba bien, y que sentía que el tiempo de su madre estaba por llegar. No entendía completamente por qué sentía eso, pero el comportamiento de Doña Teresita me dejó una sensación inquietante. Esa tarde, partimos hacia Belalcázar y llegamos sin contratiempos.

     El lunes 18 de enero, Luz Marina se preparó para entregar su cargo, pues tenía la información de que sería reemplazada por un colega que venía de Cartago. Sin embargo, ese día ocurrió algo inexplicable. El que debía reemplazarla nunca apareció, y al revisar la página de la secretaría de educación, la resolución que hablaba de su reemplazo había desaparecido, como si nunca hubiera existido. De esa forma, Luz Marina continuó en su puesto sin ninguna alteración en su situación. Estaba sorprendida, pero al mismo tiempo aliviada, ya que las cosas seguían como estaban. Sin embargo, eso no sería el final de las sorpresas.

327

MIS ÚLTIMOS 50 AÑOS      1971 – 2021     CARLOS CAMPOS COLEGIAL

     En mayo, a mediados de mes, Luz Marina me llamó con una noticia que me dejó desconcertado. Me dijo, algo alarmada: "Ahora ¿qué me vas a decir? Estoy viendo desde mi oficina a mi reemplazo, hablando con el rector, y luego viene para acá a recibirme el puesto. Además, mira la página de la secretaría, allí está la nueva resolución".

    Escuchando su tono, le respondí con la calma que me caracteriza: "Le reitero lo que le dije antes: no me han hecho ninguna señal para moverme de aquí, por lo tanto, mientras permanezca en esta casa, su trabajo estará seguro". A pesar de mis palabras, noté que la situación la estaba molestando. Me pidió que fuera buscando un lugar a dónde ir, ya que pensaba entregar el apartamento en los próximos días.

    Esa situación me dejó pensativo, pues, aunque me mantenía firme en mi creencia de que nada cambiaría sin señales claras, entendía la angustia de Luz Marina. La incertidumbre de la vida laboral siempre es difícil de sobrellevar, especialmente cuando el futuro parece incierto y fuera de nuestro control. Sin embargo, confiaba plenamente en que la resolución de todo estaba más allá de nuestras manos, y que, tal como le había dicho antes, todo se manejaría a su debido tiempo, sin que nada fuera forzado. Como siempre, la vida nos sigue sorprendiendo con giros inesperados y, en este caso, la fe y la paciencia serían nuestras guías para enfrentar lo que viniera.

328

MIS ÚLTIMOS 50 AÑOS      1971 – 2021     CARLOS CAMPOS COLEGIAL

      El día transcurrió con una calma tensa, pues yo estaba completamente seguro de que algo fuera de lo común debía suceder, ya que hasta ese momento no había señales de que el traspaso del puesto fuera a concretarse. Como siempre, a las dos de la tarde Luz Marina llegó al apartamento con una expresión de desconcierto que me hizo preguntarme qué había sucedido. Le pregunté de inmediato si había entregado el puesto, a lo que me respondió que, de manera inesperada, el psicólogo que debía reemplazarla nunca apareció.

     La situación era cada vez más extraña. Luz Marina me contó que, tras esperar un rato, había preguntado al rector qué había sucedido, y este le contestó que pensaba que el nuevo psicólogo ya había recibido el puesto.

     Al preguntar al celador del colegio, le informaron que el hombre calvo de gafas había salido y tomado un jeep para el pueblo, lo que aún sumaba más misterio a la situación. Lo más sorprendente fue que al revisar la resolución de la secretaría, esta había desaparecido, como si nunca hubiera existido.

     El rector, confuso, le comentó que le había preguntado al nuevo psicólogo por qué se trasladaba de Cartago a Belalcázar, un lugar que le resultaba ajeno, y el psicólogo le había explicado que lo hacía por el tamaño del colegio. El rector, sin embargo, le corrigió, explicándole que el colegio no era pequeño, pues tenía once sedes y que para visitarlas, muchas veces debía caminar, pues no había acceso para vehículos en algunas de ellas. El psicólogo, aparentemente dispuesto a recibir el puesto, se dirigió a la oficina de Luz Marina, pero nunca llegó.

329

MIS ÚLTIMOS 50 AÑOS      1971 – 2021     CARLOS CAMPOS COLEGIAL

      Tras estos acontecimientos tan extraños, Luz Marina y yo conversamos sobre lo sucedido, pero la situación nos dejó en un estado de incertidumbre y desconcierto. A pesar de que mis palabras eran claras y firmes en cuanto a que nada cambiaría hasta que recibiera señales claras, nuestras diferencias espirituales seguían siendo un obstáculo difícil de superar. Mientras yo veía la mano divina en estos sucesos, ella, por su parte, se encontraba más enfocada en la realidad tangible de su trabajo y los cambios que le afectaban directamente. Aunque nuestras perspectivas diferían, ambos sabíamos que la situación había tomado un giro inesperado y que la intervención divina o el destino, como algunos lo llamarían, estaba jugando un papel crucial en los eventos que se estaban desarrollando.

      Este episodio no solo me reafirmó en mi creencia de que las cosas suceden por una razón, sino que también marcó un punto importante en nuestra relación, donde los caminos espirituales a veces no siempre se cruzan de la misma forma, pero, sin duda alguna, nos dirigían hacia una misma verdad.

       El 18 de enero, aunque Luz Marina logró conservar su trabajo, la vida le tenía reservada otra prueba difícil. Tres días después, el 21 de enero, su madre, Doña Teresita, falleció. El hecho de que esto ocurriera precisamente en la madrugada de ese día, coincidiendo con el cumpleaños número 27 de Juliana, la hija mayor de Luz Marina, sumó aún más carga emocional a una situación ya muy dolorosa. Este tipo de coincidencias parecen ser un patrón en algunas familias. En la mía, también hemos experimentado varios momentos de este tipo: mi abuela materna falleció un 3 de diciembre, la misma fecha en que nació mi segundo hijo, Juan Carlos; mi abuela paterna partió un 28 de agosto, día del cumpleaños de mi sobrino Camilo Andrés, hijo de Eduardo; y finalmente, mi madre, Doña Carmen, falleció un 3 de octubre, la misma fecha en que nació mi primer nieto, Kevin Eduardo.

330 

¡Crea tu página web gratis! Esta página web fue creada con Webnode. Crea tu propia web gratis hoy mismo! Comenzar