MIS ÚLTIMOS 50 AÑOS 1971 – 2021 CARLOS CAMPOS COLEGIAL
Al escuchar tan alarmante diagnóstico, tomé una decisión rotunda: suspender de manera unilateral los preparativos para el procedimiento que los médicos, con mucho profesionalismo y amabilidad, estaban llevando a cabo para mí.
Afortunadamente, Maureen Luz se encontraba en Bogotá en ese momento, lo que significaba que mi decisión debía ser respetada al 100%. Tras firmar los documentos respectivos, en los que rechazaba el procedimiento propuesto, me dirigí a mi residencia por la mañana.
Ese día, al igual que el 6 de julio de 1996, me senté en reflexión y dirigí una plegaria al Todo Poderoso. En los siguientes términos: "Tú sabes que no voy a permitir que me intervengan, porque confío plenamente en ti, además se hace tu voluntad, no la mía. Si tengo algo que cumplir en este plano, resuelve este problema; si no, estoy preparado para regresar a casa. Gracias por escucharme. Que se haga tu voluntad, no la mía." Luego de esa oración, me retiré a descansar. Por la tarde, seguí con mi rutina diaria en el negocio, sin mayores complicaciones, aunque con la cantidad de medicamentos que debía tomar, ya que no podía suspenderlos bajo ningún concepto, pues de hacerlo, corría el riesgo de sufrir un episodio fatal.
Habían pasado siete meses desde que se cumplían los 25 años inicialmente acordados, y este evento formaba parte de esa iniciación espiritualista por la que debía atravesar, una experiencia que muchos no podrían imaginarse en su totalidad, y de la cual, incluso, ni yo podría prever los giros que tomaría.
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Fue solo el comienzo de muchos otros episodios que seguirían, algunos de los cuales resultaron ser tan extraordinarios que no podrían ser explicados en su totalidad.
Finalizando el año, nos encontramos con un evento que, aunque estoy seguro de que a muchos les ha sucedido, muy pocos pueden relatar siquiera una parte de lo sucedido, por lo increíble, lo espectacular y lo sobrenatural que resultó ser ese momento.
El domingo 16 de diciembre de 2012, tras una larga y reparadora siesta, desperté sintiendo un aroma familiar, un aroma que me transportó instantáneamente a aquella tarde, hace más de 25 años, en la oficina donde tomé la decisión de iniciar mi camino en El espiritualismo. Fue entonces cuando me di cuenta de que no estaba solo. Tres seres intermedios me acompañaban. Hoy sé que se trataba de estos seres, aunque en aquella época los llamaba simplemente "ángeles", sin comprender del todo su naturaleza. Más adelante, si es posible, compartiré con ustedes más detalles acerca de lo que representan.
Me dijeron que el motivo de su visita era retomar las acciones que había pospuesto hacía 25 años. Para ello, era necesario coordinar conmigo una serie de situaciones que se desarrollarían en los próximos días. El primer paso de este proceso comenzaría al día siguiente, con unos ejercicios que deberían realizarse en la habitación donde me encontraba. Me indicaron que a partir de las seis de la mañana debía estar listo para comenzar.
En ese momento, mi única preocupación fue que a esa hora Maureen Luz estaría profundamente dormida, ya que ella solía levantarse alrededor de las 10 de la mañana.
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Ante mi inquietud, uno de los seres, con una seguridad que rara vez he experimentado en mi vida, me dijo: "¿Por qué te preocupas? Todo está perfectamente calculado, de principio a fin.
Solo debes obedecer y dejarte llevar. Jamás estarás en situaciones complicadas o incómodas cuando estemos a tu lado." Y, con esa tranquilizadora afirmación, desaparecieron de la misma manera en que habían llegado: de manera sutil e imperceptible.
La condición humana siempre nos ata a lo material, y nos hace girar alrededor de lo tangible, dejando de lado los infinitos campos sobrenaturales en los que estos seres se mueven con una facilidad asombrosa. No podía encontrar una explicación lógica para lo que estaba a punto de suceder, en la noche cuando Maureen Luz llegó, me saludó y me comentó: "A partir de mañana, debo salir a las cinco de la mañana, porque con la señora de Jaime Rivera compramos un restaurante en Los Cuatro Vientos, cerca de Muebles Jamar. Por tanto, te pido el favor de que a partir de mañana vayas a almorzar allí". No podía creerlo. Me parecía un sueño. A partir de ese momento, mi fe se fortaleció enormemente, hasta el punto de tener la plena certeza de que podría lograr cualquier cosa, por más descabellada que pareciera, solo con creer en la fuente y permitir que se hiciera Su voluntad, no la nuestra.
Esa noche dormí plácidamente. Realicé mi relajación diaria y, al despertar, esperé a que Maureen Luz saliera. Me preparé para un procedimiento totalmente desconocido para mí, pero con la plena expectativa y confianza en las experiencias que estaba a punto de vivir.
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A las seis de la mañana, el aroma especial e inconfundible me anunció que los seres estaban allí, y que en cualquier momento se harían visibles.
Efectivamente, aparecieron y me preguntaron si aún me preocupaba que mi pareja durmiera hasta tarde, lo que nos impedía hacer nuestras inducciones durante esa semana, que se extendía de seis de la mañana a doce del mediodía.
Lo que sucedió, amigo lector, es algo que tú también puedes experimentar si lo deseas. Solo necesitas empezar una rutina diaria de relajación, preferiblemente en la madrugada. La mejor hora, para mí, es a las 3:40 de la mañana. Déjate llevar, y verás cómo las cosas comienzan a suceder sin esfuerzo, de manera tranquila y, a menudo, de la forma más inesperada, pero siempre segura y eficaz.
Es muy acertado traer a colación las diferencias entre religión y espiritualismo ya que ambas son dos caminos que, aunque comparten ciertos puntos de contacto, se desarrollan en trayectorias muy distintas. Aquí algunas reflexiones sobre esas diferencias:
* La religión es para quienes buscan ser guiados, para aquellos que necesitan que se les diga qué hacer y cómo vivir. El espiritualismo, en cambio, es para quienes están en busca de escuchar su voz interior, de aprender a confiar en su intuición y tomar decisiones desde su propio ser.
* La religión habla de pecado, culpa y castigo, creando un sentido de separación entre lo humano y lo divino. El espiritualismo no se enfoca en la culpa, sino en aprender de los errores, abrazando el proceso de crecimiento y evolución.
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* La religión muchas veces no tolera preguntas, y las respuestas a las inquietudes se encuentran definidas de antemano. El espiritualismo, por el contrario, fomenta el cuestionamiento constante, la duda como herramienta de aprendizaje, y la exploración personal.
* La religión sigue los preceptos de un libro sagrado que debe ser interpretado de una manera determinada. El espiritualismo, sin embargo, busca lo sagrado en todos los textos, en cada experiencia de la vida, y en todas las tradiciones.
* La religión puede convertirse en un culto, con normas y reglas estrictas. El espiritualismo es la meditación, la conexión personal y libre con lo divino, sin dogmas ni restricciones.
A lo largo de esa semana, los ejercicios se sucedieron en el horario establecido, siguiendo una rutina que no solo alimentaba el cuerpo, sino que también nutría el alma. El viernes 21 de diciembre de 2012, se puso en práctica lo aprendido y fue un día que quedó marcado en mi memoria de manera indeleble. Este día se convirtió en un referente, el punto de anclaje al que recurro siempre que la confusión se apodera de mi vida. Es uno de esos momentos que, por más que se repitan situaciones similares, nunca se vuelve a experimentar de la misma forma. La intensidad, la claridad y la conexión vivida en ese día hacen que sea insuperable.
Al dejar atrás el 2012, abrimos la puerta al año 2013, un año que resultó ser fundamental tanto en términos materiales como espirituales. Los cambios que se presentaron no solo fueron drásticos en el plano material, sino que también marcaron un antes y un después en mi evolución espiritual.
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Estos cambios, aunque algunos difíciles, fueron los que verdaderamente me transformaron, y me recordaron que lo que permanece y nos representa en el infinito es lo que hemos cultivado en lo profundo de nuestro ser.
Comenzamos el año 2013 enfrentando una serie de desafíos, uno de los más impactantes fue la salud de Maureen Luz, quien sufrió varios episodios de infarto. Afortunadamente, logró superarlos gracias a la colocación de estent en sus arterias. Sin embargo, durante uno de esos procedimientos, su hermana, que vino desde Chile, le insistió con vehemencia que debía trasladarse a ese país para recibir un mejor tratamiento y estar cerca de ella y sus sobrinos. Ante esa sugerencia, Maureen Luz tomó la decisión de emigrar a mediados de mayo, un giro inesperado que me dejó completamente desorientado.
La noticia de su partida fue un golpe duro para mí, una sensación de vacío se apoderó de mi ser, y el mundo que conocía parecía venirse abajo. La relación que habíamos construido, llena de momentos compartidos, sueños y desafíos superados, estaba por terminar, y nada parecía ser igual. Sin embargo, en esos momentos de desesperación, las palabras del obispo gnóstico de 1990 resonaron en mi interior con fuerza. Recordé con claridad la profecía que había hecho sobre el fin de mi relación con la "chinita" de Barrancabermeja, una predicción que había sido certera en ese entonces. Pensé en el peso de sus palabras, y en cómo, aún en medio del dolor, había algo más grande, un plan divino que me guiaba, aunque no siempre pudiera entenderlo.
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Sentía una mezcla de determinación y conflicto interno, pues, aunque la situación me resultaba insostenible, no podía evitar implorar al Todopoderoso por una solución, una que me permitiera seguir en el camino espiritual que tanto valoraba. Y como siempre sucede, Dios actuó de la manera más inesperada y sorprendente, de una forma que nunca imaginé, como solo Él sabe hacerlo.
Fue el jueves 20 de junio de 2013 cuando se presentó un giro inesperado. Estaba en mi lugar de trabajo, tomando unos aguardientes con Don Orlando, mi amigo, cuando una señora exuberante, que solía pasar por el negocio de camino a su casa, se acercó a nosotros. Se dirigió exclusivamente a Don Orlando, quien la conocía de vista, y le solicitó un crédito hasta el día siguiente, ya que se había quedado sin dinero en efectivo y el cajero cercano estaba lleno de personas haciendo fila. Con su habitual amabilidad, Don Orlando le respondió: "Claro, con mucho gusto, tome lo que necesite y luego le registra a Don Carlos, a quien se encargará de pagarle después".
En ese preciso instante, al mirarnos a los ojos, algo dentro de mí me dijo que aquella señora representaba el primer paso para superar la pérdida inminente y dolorosa que sentía. No era solo una transacción común, ni un simple favor. Había algo mucho más profundo en esa interacción, como si el universo hubiera conspirado para presentarme una señal, una oportunidad que me llevaría a enfrentar la situación de una manera distinta, con una perspectiva renovada.
Aquella señora, en su solicitud tan sencilla, se convirtió en el inicio de un proceso que, aunque aún no lo sabía en ese momento, marcaría un punto de inflexión en mi vida. Una vez más, la vida me recordaba que, a pesar de las pérdidas y los desafíos, siempre hay una nueva oportunidad esperando por nosotros, a veces en los momentos y las formas más insospechadas.
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La señora bonita, como la llamábamos cariñosamente entre los trabajadores del supermercado, trajo los artículos que había solicitado y, como siempre, los registré, empaqué y entregué con la cortesía que caracteriza al negocio. Después de los respectivos agradecimientos, ella salió del lugar, y en ese momento, mientras observaba su partida, le dije a Don Orlando: "No sé por qué, pero me parece que esta señora ha sido enviada por el cielo para ayudarme a superar la pérdida de Maureen Luz". Don Orlando, con su típico tono escéptico, me respondió: "Bájate de esa nube. Esa señora siempre ha vivido sola en su apartamento, nunca ha tenido personas cercanas a su círculo, y trabaja en una empresa de confecciones de Medellín. Ella la representa en la Costa Atlántica". Su respuesta, aunque lógica, no logró disuadirme; algo me decía que su presencia tenía un propósito más profundo, algo que no lograba entender del todo en ese momento.
Al día siguiente, alrededor de las cuatro de la tarde, la señora bonita apareció nuevamente en el negocio, y pagó la deuda que había dejado pendiente. Aproveché la ocasión para pedirle su número de teléfono celular, a lo que se negó rotundamente, explicando que no compartía su número con nadie, salvo que tuvieran negocios en curso. A pesar de su negativa, no me di por vencido. Como era mi costumbre, siempre le saludé amablemente como siempre, insistiendo de manera respetuosa en me facilitara su número. Finalmente, el martes 25, me miró fijamente y me preguntó: "Bueno, ¿para qué quieres mi número?".
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Mi respuesta fue sincera, aunque, quizás, algo inusual: "Para saludarte todas las mañanas y saber cómo amaneciste, y por la noche, antes de irme a casa, desearte una buena noche". Después de un breve silencio, ella accedió a proporcionarme su número, y desde entonces, todos los días, me aseguraba de llamarla alrededor de las ocho de la mañana y después de las diez de la noche, como una forma de conectar y, sobre todo, de sentir que, en medio de todo lo que estaba viviendo, había algo de nuevo, algo que podía aportar serenidad y esperanza a mis días.
Poco a poco, aquella señora, que al principio había sido solo una clienta más, comenzó a tener una presencia especial en mi vida. Cada conversación, cada llamada, parecía traer consigo una nueva perspectiva, una sensación de que las cosas no siempre eran lo que parecían, y que el destino tiene formas misteriosas de ponernos en el camino correcto, incluso a través de las personas más inesperadas. Lo que comenzó como un simple intercambio de favores y formalidades, empezó a transformar la dinámica de mis días, y poco a poco, la señora bonita fue tomando un lugar significativo en mi vida.
Después de quince días de constantes llamadas, finalmente, el jueves 11 de julio, cerca de las diez de la noche, recibí una llamada de ella. Me comentó que necesitaba le solicitara permiso a Don Orlando para salir media hora antes y me pidió que me acercara a su apartamento. Le respondí sin vacilar: "Allí estaré a esa hora, sin falta".
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La mayoría de las personas a mi alrededor no pensaban que esta visita sería algo positivo. Muchos profetizaban que solo era una excusa para alejarme de mi camino, para sacarme de mi rutina diaria por tanta insistencia en las llamadas.
No obstante, mi optimismo y mi seguridad de que algo diferente estaba por suceder me empujaron a actuar de manera contraria a esos pensamientos negativos. Llamé a Maureen Luz, le conté lo que había sucedido y le comenté sobre la posibilidad de no llegar esa noche a casa. Ella, con su habitual diplomacia y apoyo, me deseó lo mejor. A Don Orlando le comenté, bromeando: "Mañana en la mañana pasaré por aquí recién bañado y con esta misma ropa". Él, con su característico humor, me respondió: "Siga yendo con ese manto a misa", y todos soltaron una carcajada.
A las diez y media de la noche del jueves 11 de julio de 2013, llegué al edificio y me anuncié en la portería. Ubicando la torre y tomando el ascensor, llegué al piso correspondiente y timbré en el apartamento. La puerta se abrió, y allí estaba la señora bonita, con una expresión seria pero educada. Me saludó y me invitó a seguirla. Ya en el comedor, me indicó que me sentara, y me preguntó qué quería tomar. Le respondí que lo que tuviera a la mano. Ella, con una sonrisa breve, me dijo que todo estaba disponible. Al final, decidí por una aromática de panela. Mientras me acomodaba en una de las sillas, la señora desapareció por un momento y regresó poco después con la bebida. En ese instante, le pregunté por la razón de la invitación, y me miró fijamente. Con total sinceridad, me dijo: "Te invité para hacerte una pregunta. Necesito que me la respondas mirándome a los ojos".
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